Y entonces me cansé …

Primero me cansé de dar explicaciones. Lo consideré innecesario, cierto es.

Luego me cansé de ser juzgada. Hago lo que hago guiándome por mi instinto a la par que por mi corazón. Normalmente actúo, hablo y luego pienso.

Después me cansé de curar corazones rotos y almas heridas sin importar la mía.

Y finalmente me cansé de conformarme con lo que tenía.

Entonces descubrí que no necesito más de lo que ya tengo para ser feliz.

Me di cuenta de que al la única persona a la que debo dar explicaciones y ante la que me he de justificar es ésa que me devuelve a diario la sonrisa, ésa que no juzga sin haber actuado y hablado primero, ésa que un día se cansó de ser frágil, de conformarse con almas perdidas y de que no curasen sus heridas.

Ésa persona soy yo. Nadie más. He puesto vendas, tiritas y muletas a mis heridas. Les he dado un bastón a cada una y un buen empujón.

Ya vale de llorar, ya vale de agrandar con lágrimas heridas que así nunca cicatrizarán.

Toca levantarse con una sonrisa, darse cuenta de que estoy disfrutando de una vida que me estoy labrando yo solita.

Una vida que no está siendo para nada fácil, llena de incertidumbre y obstáculos, pero MI VIDA, elegida y soñada por mi.

Sí, hoy toca sentirse orgullosa de una misma, de lo que es y lo que tiene, conseguido por ella misma.

Hoy tocar soñar, reír y disfrutar. Hoy toca compartir la felicidad con quien lo quiera hacer y decir adiós aquellas personas que no quieran y que te entorpezcan el camino.

Hoy toca subirse al carro de las ilusiones, de tus ilusiones; hoy toca dar luz verde a tu vida.

Hoy toca vivir.

 

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